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Full text of "La revolución social : zarzuela en un acto y cuatro cuadros, en prosa"

9595 
SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 



LO REVOLUCIÓN SOCIAL 



ZARZUELA 



EN UN ACTO Y CUATRO CUADROS, EN PROSA 



ORIGINAL DE 



ItUlS DE üfl^ñ y EUGENIO GUltltÓH 



MÚSICA DE LOS MAESTROS 



CALLEJA y LLEÓ 



»o#«fif- 



MADRID 

SALÓN DEL PRADO, 14, HOTEL 

1902 



LA REVOLUCIÓN SOCIAL 



Esta obra es propiedad de sus autores y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los paises con los cuales so hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores españoles son los encargados exclusivamen- 
te de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



U REVOLUCIÓN SOCIAL 



ZARZUELA 



EN UN ACTO Y CU ATEO CUADEOS, EN PEOSA 



ORIGINAL DE 



LUIS DE Mí$fl y EUGENIO GUüIiÓJÍ 



música de los maestros 



CALLEJA y LLEÓ 



istrenada eu el TEATRO CÓMICO eH3 de Mayo de 1902, en el beneficio 
del primer actor D. Enrique Chicote 



■* 



MADRID 

fi. VEL1SCO, IUP., MARQUÉS DE SANTA ANA, 11 DUP.* 

Teléíono número 551 
1ÍI02 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



RITA Srta. Matilde Franco. 

ROSA.. . . Doña Rafaela Castellanos, 

ELISA Juana Paniagua. 

VECINA 1. a Srta. Asunción Fuentes. 

ÍDEM 2. a Paula Martín. 

REMIGIO Don Enrique Chicote. 

SEÑOR PE DRO . . Antonio Camacho. 

JULIO Fausto Redondo. 

DON PEDRO Santiago León. 

EXCMO. SR. D. PEDRO José Delgado . 

JOSÉ José Ponzano. 

ADOLFO. Jaime Nart. 

UN CRIADO Carlos Abella. 

DEPENDIENTE 1.9 Julio Castro. 

ÍDEM 2.o Daniel Palmeiro, 

ÍDEM 3.o Manuel Morales. 

Coro general, bandurrias y guitarras, etc. 



(S>- 



^g<g>> ;^; r ^g^)^ 



ACTO ÚNICO 



ttUMTO TOttKTO 



G 



m 



H 



L 



A.=Puerta vidriera grande de dos hojas que comunica con el patio. 

33.= Ventana por la que se ve la escalera. 

€.=Puerta de la escalera. 

D.=Portería. 

E.=Puerta que da á la calle. 

i\=Forillo de escalera. 

G.=Forillo de sala. 

H.=Forillo de calle. 

I . =Escalera practicable. 

J . =Globo de luz eléctrica pendiente del techo. 



669363 



— 6 — 

Decoración cerrada, en segundo término, que representa el portal de 
una casa lujosa. En primer término, á la derecha, puerta gran- 
de (e) que da á la calle; á la izquierda, puerta grande también (A) 
de cristales de colores que comunica con el patio. Al foro, en_el 
centro otra puerta de cristales de colores (c) que al abrirse deja 
ver el principio de la escalera de la casa (i); puerta á la dere- 
cha, más pequeña, de cristales (l>) con un letrero - sobre ella que- 
dice: "Portería» y á la izquierda ventana (B) por la que se ve la 
escalera. Aparatos de luz eléctrica en el foro y uno ( J) pendiente 
del techo. Es de día. 



ESCENA PRIMERA 

REMIGIO, al lado de la puerta de la escalera, acabando de poner 
unos cristales; El SEÑOR PEDRO, de frac, con cordones negros y 
sombrero de copa, que sale de la portería. Remigio aparece traba- 
jando y cantando á gritos la Marsellesa 

Sr. Ped. ¡Chis! jChis!... ¡Remigio! 

Rem. ¿Qué?... 

Sr. Ped. ¡Hombre, por Dios! 

Rem. Pero, ¿qué pasa?... 

Sr. Ped. ¡Que calles! ¡Aquí no se puede cantar y 

meriOS eso! (Remigio sigue cantando sin hacerle 

caso.) ¡Silencio! ¡Al amo le molestan les 
gritosl 

Rem. (Dejando de trabajar y con mal modo.) ¿Al amo de 

quién? 
Sr. Ped. ¡Al nuestro! 

Rem . ¡Al de usté!... yo no tengo amo, soy libre. 

Sr. Ped. Si estás trabajando en su casa. 
Rem. ¿Y qué? A usté todo el que no.se rebaja y 

se doblega y se humilla, le parece mal!.. 
Sr. Ped. ¡Siempre tiene que haber uno que mande y 

y otro que obedezca!... 
Rem. ¡Por eso... yo mando en mí mismo y me 

mpndo no obedecer á nadiel El hombre es 

libre; el hombre es un ser racional, mal com- 

parao, y el hombre no es una «caballería,. 

mejorando lo presente. 
Sr. Ped. Cada uno debe estar dentro de su esfera. 
Rem . No hay más que una esfera para todos. 



Sr. Ped. (Con guasa) Pero como es redonda, unos tie- 
nen que estar arriba y otros abajo. 

Rem . (incomodado.) ¡Pero como da vueítas, alguna 

vez los de abajo tienen que quedar arriba!... 
¡y yo encima de todosl... ¡y si no al tiempo!. . 

Sr. Ped. ¡í>eja que me ría! 

Rem. ¡Usté es un reaccionario antidiluviano... y 

con esos faldones parece un avestruz dise- 
caol... ¡Señor, por aquí!... ¡Señor, por allá!... ¡y 
avisar el coche.... y tener los abrigos... y por 
la mañana, cortesías... y por el mediodía r 
cortesías... y por la tarde, cortesías... y por 
la noche... agujetas en los ríñones! 

Sr. Pkd. Yo lo que sé es que con esas ideas nunca 
tienes trabajo... 

Rem. Porque estoy de huelga permanente. 

Sr. Ped. Siempre andas bebido. 

Rem. Porque me convidan. 

Sr. Ped. Y por último, todas las noches vas á la pre- 
vención. 

Rem. ¡Mentira! 

Sr. Ped. ¡Cómo! 

Rem. ¡Yo no voy, me llevan! 

Sr. Ped. Porque eres muy levantisco. 

Rem . Porque no me dejo pisotear como usté que 

está á la altura de un limpia-barros. 

Sr. Ped. Yo trabajo más que tú. 

Rem. Bueno: pues me revienta la gente que tra- 

baja. 



ESCENA II 

DICHOS y JOSÉ vestido de cartero. Además de la cartera lleva en 
la mano algunas cartas y entra por la puerta de la calle 

José ¡Buenos días, señor Pedro! 

Sf. Pec. ¡Hola, buena pieza! 

José ¡Que los tenga usté muy felices! 

Rem. Pues es verdad que hoyes su fiesta enco- 
miástica. 

Sr. Ped. ¿Qué, andas todavía de reparto? 

José Trabajando como siempre. 

Rem . ¡Otro imbécil! 



_ 8 _- 

José Hoy ha sido buen día, y gracias que aquí 

acabo. Hay tantos Pedros .. Y á usted tam- 
bién le toca SU ración. (Dándole una carta.) 

Rem . ¿También tiene usté quien le felicite? 

Sr. Ped. ¿Y por qué no? ¿No valgo yo como los otros? 

Rem . (Muy contento.) ¡Te pillé! ¡te pillé! ¿Y esas ideas 

del de abajo y del de arriba?... ¿Ya no hay 
diferencias? 

José Mire usté si las hay. Para el Sr., Pedro Gar- 

cía, una carta; para el del entresuelo, D. Pe- 
dro Vergara, cuatro cartas, y para el del 
principal, Excmo. Sr. D. Pedro Ramírez del 
Trincoso, once. 

Rem. Y pa mí cuarenta: una baraja. 

Sk. Ped. Ya ves si hay diferencias. 

José ¡Las que debe haber! 

Sr. Ped. ¡Me gusta saber que piensas así, porque ha- 
rías feliz á mi hija! 

Rem. ¿Matrimonio? ¡Chico, declárate en huelga! 

José ¿Y ella cómo piensa? ¿Usted lo sabe? 

Sr. Ped. Es una chiquilla. No está educada aún su 
marido luego... 

José ¡Eso liega tarde! El marido sirve para pulir 

las aficiones. El que no siente de chico, no 
es bueno de grande. 

Rem. ¡Atiza! ¡El padre Ripalda con carteral 

Sr. Ped. Pero mi chica... 

José (contrariado.) ¡No hablemos de eso, señor Pe- 

dro, más vale no hablar! 

Sr. Ped. ¿Es mala mi Rita? (con naturalidad.) 

Rem. ¿Pero es que hay alguna buena? 

José ¡No digo yo que sea mala!... pero hace un 

mes, cuando le hablé á uted de casarme con 
ella, era alegre, franca, decidida, y hoy anda 
triste, recelosa... ¡qué se yo! ¡vamos! no es 
aquella... y la mujer no cambia más que 
como la veleta, cuando muda el aire. 

Rem. ¡Adiós, Flammarión! (Dándole la mano.) 

Sr. Ped. Mira José, las mujeres son como las pata- 
tas, que se guisan de muchas maneras y de 
todas están bien. 

José (con intención.) Corriente, pero sale una hela- 

da por dentro, y por mucha sal que se la 
eche, no se la puede comer porque amarga. 



— 9 — 

Sr. Ped. (con recelo.) ¿Qué quieres decir? 

José ¡Los padres son ciegos... y... ya he dicho bas- 

tante! 

Sr. Ped. ¿Tienes que explicar!... 

José jQue la quiero... pero que no la quiero!... 

Rem. Un jeroglífico comprimido. 

Sr. Ped. José, cabeza, cabeza lo primero. 

José Sr. Pedro, corazón, corazón y corazón. 

Rem. Y estómago y ríñones; paece que estamos 

haciéndola la autosia. 

José (Ojalá me equivoque.) Hasta luego, (vase 

por la puerta del patio.) 

Sr. Ped. jEs un buen chico!... 

Rem . Sí, p^ro anticuao... El trabajo... la diferencia 

de clases... ¡Y es que como va siempre con 
la cartera á cuestas, se cree que es un Mi- 
nistro de la corona... 

Sr. Ped. ¿Pero no acabas de poner esos cristales? 

Rem. (con cómica indignación.) |Ya voy! ¡qué barbari- 

dad! ¡Estoy trabajando desde las siete de la 
mañana sin parar y le parece poco! [Ahí! ¡A. 
sacarme el jugo, á esprimirme para hacer 
agua de limón con mi sangre! 

Sr. Ped. ¡Já, já, já! (Sale á la calle.) 

Rem. ¡Sí: ríase usté! ¡Otro desequilibrao. Este se 

figura que le cae bien el frac, y paece un 

espantapájaros!... (Se oculta detrás de la puerta 
de la escalera para poner un cristal.) 



ESCENA III 

JULIO y RITA. El primero entra de la calle á tiempo que sale Rita 
(de la portería y le detiene 



Música 



Rita ¡Julio! 



JULIO (Con desagrado.) 

¡Rita! 
Rita ¡Dos palabras! 

JULIO Tengo prisa. (Queriendo irse.) 

Rita (Deteniéndole.) Yo también. 

Julio Yo no puedo hablar ahora. 



— 40 — 

Rita Yo no puedo hablar después. 

Julio No creo conveniente 

estar en el portal, 

que aquí nos ve la gente 

y puede pensar mal. 

RlTA (Con ironía.) 

No seas tan prudente 
que si alguien nos ve aquí, 

tú bien sabes 
que el mal es para mí. 

JULIO (Muy disgustado pero dispuesto á escucharla.) 

Rita Aquí e¿toy. 

Ya puedes empezar. 
Rita ¡Allá voy! 

Ya puedes escuchar. 

(Le coge de la mano, y depués de avanzar al proscenio, 
con mucha pasión y mucho misterio.) 

. Por dar tus amores 
no sientas temores 
ni pases desvelo, 
que de cuanto digo 
está, por testigo, 
mi madre en el cielo. 
Por ella te juro 
vivir para tí, 
y mi madre, 
si no es mi amor puro, 
maldiga de mí. 

«y ULIO (Que ha escuchado cada vez con más remordimiento, 

apartándose de ella, impaciente.) 

Rita ¡Me acuerdol 

Julio ¿Te acuerdas? 

No sigas la historia. 
Ya veo que tienes 
muy buena memoria. 
Rita Entonces... 

Julio ¡No sigas! 

¿A qué recordar? 
Que yo he dicho eso 
no intento negar. 
Rita La historia de una amante olvidada 

ya sé que es cosa vieja y vulgar, 
ya que la mujer engañada 
por fuerza ha de sufrir y callar; 



— II 



Julio 

Rita 
Julio 



Rita 



(Con fuego.) 

mas todos los hombres 
una fe mentida 
jur n por su honra, 
juran por su vida, 
juran por su nombre 
y por Dios quizás, 
pero por su madre, 
no juran jamás. 

(íin saber qué decir.) 

¡No es cierto! 

(indignada.) ¿Lo niegas? 

No sigas la historia. 
Ya veo que tienes 
muy buena memoria. 
¡Ya basta! ¡No sigas! 
Que yo bien te oí. 
¡Recuerda! ¡Recuerda! 
Decías así. 



Rita 

Por dar tus amores 
no sienta? temores 
ni pases desvelo, 
de cuanto te digo 
está por testigo 
mi madre en el cielo. 
Por ella te juro 
vivir paralí, 
y mi madre, 
si no es mi amor puro, 
maldiga de mí. 
Mil veces el hombre 
que quiere triunfar, 
por honra y por vida 
se atreve á jurar, 
pero por su madre, 
no jura jamás, 

jamás. 
Rem. Con aceite de petróleo 

reformaremos el país. 



Julio 

¡Mil vece s traidores, 
es cierto, que todos 
una fe mentida, 
y falsos amores, 
juran por su honra, 
juran por su vida! 
Y en falso sin duda 
no temen jurar, 
pero por ¡?u madre, 
si no es su amor puro, 
no juran jamás. 



vi 



Hablado 

Julio (Muy disgustado.) Pero, ¿qué quieres? vamos 

á ver. 

Rita (con pena y pasión.) Que me expliques por qué 

desde hace poco me exiges hacer un miste- 
rio de lo que antes no te preocupaba; ¿por- 
qué huyes de mí? ¿por qué no me buscas? 
¿por qué no me hablas? 

ReM. (Sacando la cabeza por el hueco de un cristal.) (¡An- 

da, Dios!... ¡lío!....) 

Julio (Disculpándose.) No exageres... es que... 

Rita (con dignidad.) Es que lo que para un estudian- 

te que perdía cursos y frecuentaba tabernas 
y garitos era bastante, es poco para un hom- 
bre de carrera y de porvenir: es que al co- 
dearte hoy con mujeres menos leales, pero 
mejor vestidas, te estorbo y te avergüenzo; 
es que ya no ves en mí Ja muchacha con 
quien compartías en este portal tus juegos 
de niño; es que ya no soy para tí más que 
la hija del portero! 

Rem. (¡Lío... y gordo!... ¡Debe ser un baúl mundo!) 

Rita (con estupor.) ¿No tienes nada que respon- 

derme?... 

Julio Mira... ya hablaremos... yo te explicaré- 

pero aquí... puede oírnos alguien y... 

Rem. (| Ya pa lo que falta... déjala acabar!) 

Rita ¿Y qué?... ¡Yo no soy responsable de que- 

rerte! tú me has enseñado á hablar, á pen- 
sar, á sentir: has sido mi maestro en todo, 
y yo más que tu discípula, tu esclava. 
Dudé mucho, porque veia un peligro en 
nuestra diferencia de clases, pero como tú 
habías sabido hacer mi alma á tu capricho, 
el triunfo era fácil, la victoria segura, (con 
misterio.) Me convenciste: triunfó el maestro, 
cedió la discípula... tú descendiste un poco: 
yo me elevé cuanto pude, y nos encontra- 
mos... Yo ya ho digo cudla y entadía porque 
subí: tú en cambio, dices la órdiga y me ca- 
chis, porque descendiste: ¡yo soy una seño- 
rita con pañuelo, tú, un chulo de levita!... 
¡Esa es la historia!... 



— ié — 

Rem. (¡Bonita historia!... Una novela por entregas, 

con grabados en el texto .. y el cartero es el 
repartidor!) 

Julo (Mintiendo.) Mira, Rita; yo te quiero como 

siempre... pero... 

Rita (con amargura.) ¿No te casas conmigo? ¿no es 

eso? 

Rem. (¡Ahí le duele!) 

Julio Hay circunstancias... ¡Las consideraciones 

sociales! 

Rita (con dignidad y afligiéndose.) ¡Ba c ta! ¡Esas eran 

mis teorias y mi miedo! ¡tú para triunfar, 
para perderme sostenías que el corazón es 
libre y que para el cariño no hay clases! 

Rem. (¡El socialismo del amor.) (José va á salir por 

el patio y al verlos |¡e detiene y escucha.) 

Julio ¡Yo te juro!... 

Rita No jures en falso: te conozco desde niño. 

Puedes gozarte en tu obra... (casi llorando.) Ni 
me quieres ni has hecho otra cosa que bur- 
larte de mil 

Rem. (¡Señorito había de ser!... No, pues esto no 

se queda así...) 

Rita (Llorando ) ¡No oirás de mí una queja! ¡pero 

óyeme bien: yo lo quiero todo, todo ó nada! 
¡Son tus lecciones, y no olvides que el me- 
jor maestro es un desengaño! (José ha avanzado 

hasta la puerta de la escalera, de modo que le vea 
Remigio. Hita se vuelve para llorar sin que la vea Julio 
y se encuentra con José. Julio queda pensativo sin 
darse cuenta de lo que sigue.) 

Rem. (¡Uy! ¡el otro! ¡Tragedia en puerta!) 

Rita (¡Ah! ¡José!... ¿has oído'?...) 

JOSÉ (Con generosidad.) (¡Calla!) (La coge de la mano y se 

la lleva á la calle. Remigio saca la cabeza exagerada- 
mente por el hueco del cristal y los ve marcharse.) 

ESCENA IV 

JULIO, REMIGIO, DON PEDRO y ROSA que á tiempo entran de la 
calle con algunos paquetes como de tiendas 

Julio ¡El disloque! ¡sociedad de baile!... 

Rem. Ahora salía yo y le ponía un cristal de co- 

lores en la cabeza. 



_ 14 _ 

Julio ¡En menudo lío me ha metido mi padre! ¡y 

el caso es que yo la quiero! ¡pero, cal ¡impo- 
sible volverme atrásl ¡Qué diria la gente!... 

Rosa ¡Toma, si está aquí! Bien podías habernos 

acompañado. 

D. Ped. ¡Ni siquiera has visto los regalos que hemos 
comprado á Elisa! 



ESCENA V 



DICHOS y el SEÑOR PEDRO 



Sr. Ped. (Entrando de la calle.) ¡Buenos días, señoritos!... 

Rosa Hola, Pedro... ¿y Rita?... 

Sr. Ped. ¡Bien! ¡Que los tenga usted muy felices, don 
Pedro! 

D. Ped. ¡Y tú también Pedro!... ¡Toma para que ce- 
neis á nuestra salud! (Le da dinero.) 

Sr. Ped. ¡Ustedes siempre tan bueno*-! 

Rosa Ya sabes que en casa, os queremos todos 

mucho. 

Sr. Péd. ¡Y nosotros á ustedes, sobre todo á este pe- 
rillán, y eso que ahora parece que anda hui- 
do! ¡Nunca le veo! 

Julio ¿Pero no subimos? (impaciente.) 

Rosa Es que hay novedadt-sl 

D. Ped. ¡Y agradables! 

Julio Pero... 

Rosa ¡Si ya debías tú habérselo dicho! Van á 

á creer que te has vuelto orgulloso. 

D Ped. Aquí tienes un ingrato que se nos marcha. 

Sr. Ped. ¿Dónde? 

Rosa ¡Prepárate! ¡Es que se casa!... 

Rem. ¡Atizal... (Dejando caer un cristal al suelo; al ruido 

vuelven todos la cabeza.) 

Sr. Ped. ¿Qué es eso? 

Rem. ¡Nada!... ¡los vidrios rotos! ¡y á usté le toca 

pagarlos! 
Sr. Ped. ¡Bah!... ¡No vale la pena!... 
Rem. (¡Ya me lo dirás de misas!) 

D. Ped. ¡Es una boda de conveniencia: ella es muy 

rica. 
Sr. Ped. Pues la verdad, lo siento, porque yo, sin 



— 15 — 

ofender á ustedes, soy de los que creen que 
las parejas deben buscarse en el igual de 
cada uno, cada cual con su cada cual, sin 
subir ni bajar. 

D. Ped. Piensas á la antigua. 

Rosa Ya no hay clases. 

Rem. (¡Esta es de las míasl) 

D. Ped Y á la novia debes conocerla. 

Rosa Es esa joven rubia que viene con una insti- 

tutriz. 

Sr. Ped. ¡ \h, sí, ya sé! Pues es muy guapa. Por eso 

lo tenías tan Callado, ¿eh? (Con familiaridad y 
cariño.) 

Julio ¡Quién sabe... todavía!... 

Sk. Ped. ¿Y á. mi hija tampoco se lo has dicho? Has 
hecho mal, porque se va á alegrar mucho 

Cuando lo Sepa. (Con naturalidad.) 

Rem. (¡Muchísimo!... Como si la pusieran sangui- 

juelas ) 

JULIO ¿Pero no SubÍmOS?(Cada vez más impaciente.) 

D. Ped. ¡Sí, vamos. 

Rosa Hasta luego, Pedro. 

Sr. Ped. ¡Enhorabuena! 

JULIO (¡Gracias á Dios!) (Al ir á pasar por la puerta de 

la escalera, Remigio, que está recogiendo cristales, le dice 
á Julio:) 

Rem. ¡Uuidao con los vidrios, que cortan y hacen 

pupa!... 

ESCENA VI 



REMIGIO, EL SEÑOR PEDRO, á su tiempo DEPENDIENTES 
1.° 2.° y 3.°, por la puerta que da á la calle 

Sr. Ped. ¿Pero no acabas'? ¡Toda la mañana sin hacer 
nada! 

Rem. (Acercándose á él con misterio.) ¿Nada, eh? Pues 

he hecho más que usté... Mientras usté guar- 
da la casa de otro, yo guardo la de usté... 

Sr. Ped. Va á venir el amo y esto sin acabar. 

Rem. ¡Chist!... ¡Estoy indiznadol A esos tres... (por 

ios que se han ido.) debía usté colgarlos como 
á la, salchicha! 

Sr. Ped. ¿Qué dices, hombre? 



— 16 — 

Rem. (i Yo se lo cuento!... ¡Le voy á dar los días!) 

¿Usté no ha estado nunca en la prevención? 

Sr. Ped. i Ni ganas! 

Rem. Pues todo llega. ¡Esta noche dormimos 

allí juntos! 

Sr. Ped. ¡Déjate de bromas y acaba! 

REM. ¿Bromas?... ¡Tome Usté!... (Dándole una navaja.) 

¡De Albacete, y de lengua de vaca! Tiene 
que entrar toda y rebañar... dentro. 
Sr. Pfd. ¡Pero! 

DeP. 1.° (Con una gallina pelada, y vestido como los chicos de 

las tabernas.) Señor Pedro, de parte de mi 
amo, que felicidades y que se la coma usté 
á su salud. 
Sr. Ped. ¡Hombre, muchas gracias! Asi se hará. ¡To- 
ma dos realillos!... (Se va el chico por la calle ) 

Rem. ¡Buena pieza!... Guárdela usté porque creo 

que ncs va á hacer falta á última hora en la 
prevención. 

Sr. Ped. ' ¿Pero qué dices? 

Rem. Que ha llegado el momento en que el de 

abajo. . se meriende á uno de arriba... y que 
usté no ve, ni oye, ni entiende... y que... 

DeP. 2. o (Con un ramillete muy alto y estrecho, de confitería.) 

¡Don Pedro Vergara! 
Rem. ¡Uy, la Torre de Atocha! 

Sr. Ped. En el entresuelo. Por aquí... por la escalera 

interior, (indicándole la puerta del patio, por donde 
se va el Dependiente.) 

Rkm. Ahí debía usté echar cabezas de fósforos. 

Sr. Ped. Sigues con tu manía contra los señoritos. 

¡Já, já! ¿Pero qué te han hecho? 
Rem . ¿A mí? ¡Nada!... Pero pregúntele usté á su... 

Dep. 3.° (Acompañado de un mozo de almacén con una cesta 
grande con botellas y comestibles de lujo.) ¿El exce- 
lentísimo señor don Pedro Ramírez delTron 
coso? 

Sr. Ped. ¡Principal... 

Rem. ¿Todo eso se va á comer? ¡Lástima de có- 

lico! 

Sr. Ped. Por aquí... (por el patio, vase el d -pendiente.) ¡San 
Pedro da para todos! (satisfecho.) 

Rem. A usté si que le han hecho un buen regalo. 

(Con ironía.) 



— 17 — 

Sr. Ped. ¡Ya lo creo: por buenas que le sepan á los 
señores esas cosas, no les sabrán mejor que 
á raí esta gallina! 

Rem. Pues usté, lo que debía comerse hoy... es un 

pollo COn tomate. (Con intención.) 

Sr. Ped. ¡Qué más dal 

Rem. (¡lía, yo se lo digo por lo claro!) Señor Pedro, 

el señorito del entresuelo y su... 
Sr. Ped. ¡El coche del amo! Vete... 
Rem. ¡Ka, que no rae dejan! .. ¡Pues yo no me 

quedo con ello dentro del cuerpo! En cuanto 

tome Un chato, vuelvo. (Cuando va á salir á la 
calle, entra Alfredo: Remigio le saluda con cortesías 
exageradas: el señor Pedro quitándose el sombrero.) A 

los pies de vuestra excelencia... Beso á usté 
la suya... ¡E<te tié cara de loro!... ¡Cuándo 
los veré á tóos barriendo las calles!... 



ESCENA VII 

EL SEÑOR PEDRO y ALFREDO, en traje elegante de mañana 

Alf. ' ¿Ha venido mi padre? 

Sr. Ped. No Feñor. 

Alf. ¡Me alegro! Tengo que hablarte. 

Sr. Pep. ¿A mí? 

Alf. ¡A tí! Una tontería... pero te necesito. ¡Cosas 

de chicos! Óyeme bien. La señorita del en- 
tresuelo y yo, nos entendemos. 

Sr. Ped. ¡Señorito!... 

Alf. ¿Qué, te asombra? 

Sr. Ped. ¡Como la señorita Rosa es de la clase me- 
dia!... 

Alf. ¿Y qué? Esas son antiguallas... ideas rancias. 

Sr. Ped. Pero el señor sabe... 

Alf. ¡Ya conoces á mi padre!... ¡Los timbres de 

su casa, la sangre azul!... ¡Chocheces! 

Sr. Ped. El señor piensa como yo. 

Alf. ¡El caso es que Rosita está loca por mí y yo 

por ella! 

Sr. Ped. ¿Y en qué puedo Fervir al señorito? 

Alf. ¡ l£s muy sencillo! Nosotros, lo que queremos 

á todo trance es cagarnos. 



- 18 - 

Sr. Ped. ¡Menos nial! 

Alf. Pero para eso no hay más medio que uno: 

el escándalo. 

Sr. Ped. Pero... 

Álf. La doncella de Rosa está conforme, y lo que 

necesito de tí es sencillísimo. Ya sabes que 
el gabinete de Rosa da al patio, la doncella 
dejará esta noche el balcón abierto: tú dejas 
olvidada por casualidad la escalera de mano, 
y cuando se retire todo el mundo, vengo al 
patio, subo al entresuelo, entro en el gabi- 
nete; la doncella avisa al padre, nos sorpren- 
den, hay aquello ds ¡Ah! ¡Oh! ¡Tú, misera- 
ble! ¡Hija infame! ¡Perdón, jamás! ¡Sí! ¡No! 
¡Ah! ¡Oh!... Cuatro gritos, un desmayo, un 
escándalo... ¡v á la Vicaría!... 

Sr. Ped. ¿Ustedes?... Y yo, ¿dónde? 

Atf. ¡A la portería!... 

Sr. Pfd. ¡O á la calle!. . Don Pedro me quiere; el se- 
ñorito Julio es para mí como si fuera un 
hijo; ¿cómo quiere usted que yo venda á su 
hija y á su hermana, sin que se me conozca 
en la cara? 

Alf Va en ello mi felicidad .. 

Sr. Pfd. ¡A costa de la mía!... 

Alf. (incomodado.) ¡Basta! ¿Lo haces ó no? 

Sr. Ped. (con humildad, pero decidido.) La verdad, no 
debo... 

Alf. Te pesará... ¡Chist! ¡Mi padre!... (viendo entrar 

al Excmo. Sr. D. Pedro por la puerta de la calle.) 
Sr. PED. ¡El Señor! .. (Se quita el sombrero con mucho respe- 
to y le conserva en la mano durante toda la escena si- 
guiente.) 



ESCENA VIII 

DICHOS y el EXCMO. SR. D. PEDRO 

Excmo. ¿Qué haces aquí? 
Alf. He venido del apartado... 

Sr. Ped. Buenos días, señor.. ¡Que los tenga el señor 
muy felices! 



— 19 - 

Excmo. Gracias, y tú también. Va sabes que hasta 
Jas doce podéis estar en el patio. 

Sr. Ped. Gracias, señor. 

Excmo. Y sube después por lo de siempre, (a Alfredo ) 
¿Subes?... 

Alf. Sí, papá, (a Pedro.) (Lo dicho, dicho; bajaré 

luego.) Los Dependientes 2.° y 3° cruzan la escena 
de izquierda á derecha ) 



ESCENA IX 

Él SEÑOR PEDRO, RITA y JOSÉ á poco, que vienen juntos de la 

calle 

-Sr. Ped. ¡Pero que no ha de estar nadie satisfecho 
con su suerte! El uno quiere subir, el otro 
bajar. . Pues yo sigo con mis ideas, y no en- 
vidio á nadie... 

José (|Pues me lo tienes que decir todo!) 

Rita (¡Calla! ¡Mi padre!) 

Í5K. Ped. ¡Hola!... ¿Qué? ¿Habéis hecho las paces?. . 
¿Ves cómo no se puede hablar tanto, de- 
cir que si no te quiere y que si no tiene co- 
razón?... 

José (Despechado.) Pues le tiene, le tiene... (¡Ojalá 

no le tuviera!) 

Sr. Ped. (Muy contento.) Sin alabarle: ¿dónde vas á en- 
contrar otro que te quiera más, ni más tra- 
bajador, ni más hombre de bien? 

Rita (Azorada.) ¡Padre!... 

Sr. PED. (Extrañado.) ¿Qué?... 

José ¡Que yo soy muy poco para ella!... Que tiene 

otras aspiraciones. Quiere subir, y conmigo 
no va á subir más que escaleras. 

Rita. No le haga usted caso; es que no congenia- 

mos, y... 

.Sr. Ped. ¡Vaya, vaya! ¡Explícate claro! ¡No me gustan 
las tinieblas más que en Semana Santa! 



— 20 — 



ESCENA X 

DICHOS, REMIGIO; á poco ELISA acompañada de la INSTITUTRIZ 
y un LACAYO por la puerta de la callo 

Rem. |Los tres! ¡Ahora si que se lo digo! Me alegro 

de encontrar á ustedes en Consejo de Minis- 
tros: dispense usted, señor Presidente (ai se- 
ñor Pedro.) pero tengo que presentar una pro- 
posición incidental. 

Sr. Ped. ¿Pero no has acabado todavía? 

Rem. Las cosas de Palacio van despacio.. , y yo, la 

verdad, quiero aclarar la atmósfera, que está 
turbia. José, ¿tú has visto el Tenorio? [Bue- 
no! Pu«-s esta joven es doña Inés, tú don, 
Luis Mejía, (a Pedro.) y usted el Comenda- 
dor .-. (¡Más claro ni agua!) 

Sr. Ped. ¿Es que has bebido ya? 

Rem. ¡Ni agua!... ¿Y saben ustedes quién es don, 

Juan Tenorio? Pues es... 

Sr. Ped. (Viendo á Elisa que entra en este momento.) ¡Bue- 
nos días, señorita!... 

Rfm. ¡Na, que no se lo puedo decir!... 

Sr. Ped. Ahora mismo han subido ios señores. ¡Que 
sea enhorabuena, señoritai 

Elisa Gracias... (ai lacayo.) ¡A.h!... Dile á la seño- 

ra... (Sigue hablando con él) 

Rem. ¿Quién será esa sardina? 

Sr. Ped. (a Rita y José.) ¡Toma, si se me olvidaba lo 
principal! ¿No sabes la gran novedad? ¡Es- 
tamos de enhorabuena en la casa! 

Rita ¿Por qué, padre? 

Sr. Ped. ¡Vas á tener una alegría! ¿Sabes quién se 
nos casa?... ¿Quién?¿A que no lo aciertas? .. 
¡La novia es esa señorita tan guapa que sube 

ahora! (Elisa y la Institutriz se van por la escalera;- 
el lacayo por la calle.) 

Rita ¿Y el novio? 

Sr. Ped. ¿Quién ha de ser?... ¡Julio!... 

RlTA (Pando un grito.) ¡Ahí... 

Rem. (¡Ya le ha soltao la pildora! ¡Y de golpe! 

¡Qué bárbaro!) 
José (sosteniendo á Rita.) (¡Rita! .. ¡Valor!...) 



— 21 — 

íllTA jlnfame!... (Llorando se apoya en José.) 

Í5R. PED. (Asombrado y receloso.) ¿Qué es eSO?... ¿Qué te 

pasa?... ¿Por qué lloras?... 
Rem ¡Es de alegría!... 

Sr. Ped. ¿Tú sabes qué es esto? 
José Esto es, señor Pedro, que para quererse no 

hay clases. 
Sr. Ped. ¡Ella también!... 
Rem. ¡Y todos!... ¡Esto es... la revolución social!... 

(Rita, llorando, sostenida por José. Pedro, en el colmo 
del asombro, sin comprender nada. Remigio en el cen- 
tro de la escena. Cuadro. Telón rápido.) 



GUkuftO StGttttuO 




A— La misma puerta A del cuadro primero. 

B.=La misma ventana B del mismo, pintada. 

C.=La misma puerta C del mismo. 

D.=La misma I) del mismo. 

E.=La misma puerta E del mismo. 

H.=Forillo de calle. 

J.— El mismo globo de luz eléctrica. 

K.=Forillo de sala. 

L.=Balcón practicable del piso entresuelo. 

M.^Farolillos á la veneciana. 

N.^Mesa. 



— 22 — 

Decoración cerrada. El patio de la misma casa. 4 Al foro la puerta 
grande de cristales (a) que antes estaba á la izquierda, que apa- 
rece abierta, para que por ella y á su continuación se vea el por- 
tal. En la lateral izquierda de éste ]a puerta de cristales de la es- 
calera (■€!) y la de la portería (l>). Y á su foro la puerta de la 
calle, abierta (e); de modo bien claro que resulte el portal mismo 
del cuadro anterior. En el patio una mesa de pino con bandejas 
con pasteles y dulces, botellas de vino y copas: á la altura del piso 
entresuelo un alambre con faroles de papel, que aparecen encen- 
didos. El balcón antepecho del entresuelo de la derecha, abierto y 
con luz eléctrica dentro en aparato de gabinete. Es de noche. 
Al levantaase el telón aparece en el portal la banda del Hospicio 
con atriles, etc., tocando; en el patio, Remigio subido en una es 
calera de tijera, procura apagar un farol que está ardiendo. Veci- 
nos y vecinas á su alrededor, asustados unos y otros sosteniéndo- 
le. Junto á la mesa Pedro y José. A la derecha, en primer térmi-; 
no, cuatro vecinos con guitarras y bandurrias. Cuadro. 



ESCENA PRIMERA 



SEÑOR PEDRO, JOSÉ, REMIGIO, VECINOS y VECINAS. A 
RITA 



poco 



Música 



Mujeres Mire que las llamas 

toman incremento, 
no tenga un momento 
de vacilación; 
que según se ha visto 
si no anda más listo 
va á quemarse toda 
la iluminación. 

Hombres Que el fuego se aviva, 

que va á dar trabajo, 
que no hay quien lo corte 
si se extiende más; 
sopla por arriba, 
sopla por abajo, 
sopla por delante, 
sopla por detrás. 

Sr. Ped. No seáis cobardes... 

Coro No es cosa de juego... 



— 23 



Rem. Ya se apaga el fuego... 

Coro Siga la función. 

Rita ¿Qué es lo que sucede? 

¿Qué es lo que ha ocurrido? 

¿Qué es lo que ha traído 

tanta confusión? 

ROSA (Dentro, acompañada con piano.) 

Dime, piatosa, piatosa Stella... 
Rita Ebad cursis del piano 

nos están dando la lata 

\ T además la serenata; 

no se puede resistir. 
Sr. Ped. Es que aquí, según su clase, 
cada cual tiene su orquesta... 
Rita Pues la nuestra está dispuesta 

v también se va á lucir. 
Mujeres Venga esa polquita 

que antes punteabas, 

esa que tocabas 

con tanto compás. 
Rkm. Pues á ver el socio 

que baila más junto, 

y cuál es ei punto 

que se ciñe más. 
Ellos Vamos allá. 

Ellas Vamos allá. 

(Tocan las guitarras.) 

Rem. ¡Vaya un puntea o! 

Sr. Ped ¡Ya estoy yoanimao! 

Ellas Cada vez te arrimas más... \,.-.l 

^!^ i'a 11 i /Bailando.! 

Ellos Es por causa del compás... j v 

Rita ¡Que triste es estar triste 

cuando ríen los demásl 

ROSA (Dentro.) 

Amante y tierna niña 
que das á la campiña 

encanto virginal 
de hermosa aurora boreal, 
tu aroma y tus colores 
son celos de las flores, 
y tus cantos son el terror 

del ruiseñor. 
Rem. Ahora ya sé por qué razón 

no queda aquí un ratón. (Toca ia banda. 



- 24 — 

Coro gral. La banda ya 
tocando está, 
y es lo peor 
que no se va. 
Para un primavera 
eso es muy bonito, 
no pa el que distingue 
de contoneao; 
eso es de primera 
para un Stñoiito 
del pan pringao. 

Sr. PED. (A Rita.) 

A tí ¿qué diantre te ha pasao? 
Rem. Algún mal paso que habrá dao. 

José Ahora debes de bailar 

pa no dar que sospechar. 
Coro Ahora, ya que se ha callao, 

bailaremos ccn cuidao. 

(Vuelven á tocar las guitarras.) 

Para un primavera 
eso es muy bonito, 
no pa el que distingue 
de contoneao; 
eso es de primera 
para un señoiito 
del pan pringao. 

(La banda recoge los atriles y se va por la calle.) 



ESCENA II 

DICHOS; luego CONVIDADOS y un CRIADO 

Hablado 



Todos ¡Bravol ¡Bravo!... 

Rem. ¡Viva el señor Pedro! 

Todos ¡Viva! 

REM. ¡Viva don Pedro! (Mirando al entresuelo.) 

Todos ¡Viva! 

RfíM. ¡Viva San Pedro! (Mirando al telar.) 

Todo¿ ¡Ja, ja!... 

Rem. Brindo por las mujeres sentimentales y me- 
ditabundas y entristecidas. (Dirigiéndose á Rita. V 



— 2". — 



José (ron malos modos.) ¿Qué hay? 

Rem. ¡Y por el director de comunicaciones! (Diri- 

giéndose á José.) 

TODOS ¡Ja, ja! (Empiezan á salir al portal por la puerta de la 

escalera los convidados del entresuelo, que desaparecen 
por la calle: á su tiempo se verá á Julio llevando del 
brazo á Elisa, y con ellos don Pedro ) 

Sr. Ped. ¡Ya se retiran los del entresuelo!... 

Rem. ¿Fero aquí no hay quien beha más que yo? 

JEÍITA jAh!... (viendo á Julio y Elisa y queriendo levan- 

tarse.) 

José (¡Quita!..,) 

Rita (¡La lleva del brazo!) 

Rem. ¡Esto esta muy soso!... 

Sr. Ped. ¡Es verdad! ¡A ver, el último baile! ¿Quién 
baila conmigo?... 

TODAS ¡Yo, yo!... (Levantándose.) 

Rem. ¡Todas! ¡Qué provocativas son las mujeres! 

Una (Gruesa.) ¡Yo lo he dicho primero! 

Sr. Ped. ¡Usté pesa mucho! Me gustan ligeras. 
Rem. ¿Ligeras de cascos? ¡Que me traigan una 

ligera! Tú, tú eres ligera... 
José ¿Qué quiere usté decir? (con mal tono.) 

Rem. ¡Nada, hombre! A este le ha dao el vino el 

valiente! Toma y calla. (Le da una copa, que 

bebe José.) 

Rita ¿Quieres no beber más? 

Vec. 1. a (con sorna.) ¡Déjale, mujer, que tiempo tienes 
de probarle sus gustos cuando sea tu ma- 
rido! 

Varias ¡Ja, ja, ja! 

Sr. PED. (Con recelo.) ¿Qué risas SOn esas? (Empiezan ;« 
bajar los convidados del principal: ellos de frac y ellas 
elegantes: se ven varios lacayos en la puerta, que lla- 
man á voces mirando á la calle: ¡Paco!... ¡Leoncio!... 
¡Santiago!; pero todo ello sin interrumpir el diálogo de 
la escena. Se ve bajar y desaparecer también á Al- 
fredo.) 

■Criado (saliendo por el portal al patio.) Señor Pedro, los 
señores se han retirado, puede u-ted cerrar. 

Rem. ¡Eso es echarnos! ¡Ea, á la calle todo el 

mundo! (Todos se levantan.) ¡Lo manda el amo! 
¡Me revienta todo el que manda! 

Vec. 1. a A usté le revienta todo el mundo. 



— 26 — 



Rem. 


: Pero usté más que todos, por parlanchína. 


Vec. 1 » 


¡Vaya, vamos! 


Vec. 2.a 


¡Que de hoy en un año se repital 


Vec. 3.a 


¡Y que haya bautizo! 


Rem. 


¡Y usté que no lo vea! 


Vec. 1.a 


(a Rita.) ¡Y tú chica, no seas tonta, no te fies 




de los señoritos! 


Rem. 


¡Ni de esta tampoco! 


Todos 


¡Adiós! 


Otras 


¡Hasta mañana! (Se van todos por el portal y por 




la calle.) 




ESCENA III 



RITA, SEÑOR PEDRO, .TOSE y REMIGIO, éste ocupado en quitar- 
los faroles 

José ¡Señor Pedro!... 

Sr. Ped. (con severidad.) Ya sé lo que me vas á decir.. 
y con razón; pero como á mí no me bastan 
medias palabras, espero que mi hija nos ex- 
plique claro y pronto lo que piensa hacer de 
tí, de mí y de ella misma. 

Rita Padre, si yo no. . 

Sr. Ped. No sigas negando: tus lágrimas de esta ma- 
ñana, el chismorreo de las vecinas y las bar- 
baridades de Re/riigio, me han hecho ver 
bien claro lo qr.e tú me ocultas. 

Rem. (¡Miá por donde he pagao yo el pato!) 

Sr. Ped. Habla de una vez y no des lugar á que crea 
que no puedes decir lo que sientes. 

Rem. (Ya ha puesto el dedo en la llaga.) 

Rita ¡Pero si no es más que una tontería, una 

chiquillada! . 

Sr. Ped. Entonces, ¿por qué no te ha dicho Julio que 
que se casaba? ¿Por qué no me has dicho tú 
que le querías 4 ? ¿Porqué no has desengaña- 
do del todo á este hombre? 

Rita ¡Como Julio me trataba con tanto cariño, 

con tanta confianza! .. 

Rem. íEn la confianza está el peligro! .. 

Rita Después de todo, no soy la primera que se 

hace ilusiones. 



Sr. Ped. ¿Pero es que por un momento has podido 
pensar que el señorito se había de casar 
contigo? 

José (con pasión.) ¿Y por qué no? Ella vale tanto 

como la primera. 

Sr. Ped. (con amargura.) Para tí, para mí, para los nues- 
tros: para los fie más arriba no, para esos 
v¿. le sólo en lo que la quieran tasar, que no 
será muy alto. (Transición) Ya conoces mi 
modo de pensar; si hay que tirar el pan, la 
casa, la tranquilidad, todo, se tira, pero pron- 
to: antes de perder la estimación y la con- 
ducta. 

Rem. (¡A buena hora mangas verdes!) 

Sr.. Ped. Sé razonable y deja casar sin pena al seño- 
rito, qne aquí tienes un hombre de tu cL.se, 
trabajador, honrado y bueno, que está de- 
seando que le dejes decirte que te quiere. 
jCásate con él y seréis felicesl 

Rem. (¡S)bre todo éll ¡Este no sabe de la misa la 

media!) 

Sr. Ped. ¿Verdad que lo harás? 

Rita ¡Yo! 

Sr. Ped. (sospechando algo.) ¿Pero qué es lo que quie- 
res? ¡Dila tú algo! (A José.) 

José ¡Yo...! 

Sr. Ped. No me hagáis pensar... 

Rita ¿Y si no pudiera olvidarle? 

Sr. Ped. Se puede siempre. 

Rita ¡Eso se dice! 

Sr. Ped. ¡Y se hace, cueste lo que cueste! 

Rita Padre, hav circunstancias en que... 

Sr. Ped. ¡Ninguna! Es decir... (ocurriéndoseie todo.) sólo- 

una... y esa... (con ansiedad ) no puede ser... 

¿verdad que no?... 

RlTA ¡Padre!... (i lorando y queriendo abrazarle.) 

Sr. Ped. (Comprendiendo y queriendo pegarla.) ¡Ah! (Mala. 

hija! 

JOSÉ ¡Señor Ped' o! (Deteniéndole.) 

D. PED. ¡Pedro! (Que ha salido del portal.) 

Rem. (¡Uy, el enemigo!...) Conste que yo se lo que- 

ría haber dicho á usted esta mañana! 



— 28 -- 
ESCENA III 

RITA, SEÑOR PEDRO, DON PEDRO, JOSÉ y REMIGIO 

D. Ped. ¿Pero qué es esto? 

Sr. Ped. (Desesperado.) Esto es que cuando se tiene un 
hijo infame se le castiga, y el padre que no 
lo hace es tan canalla como el hijo. 

Rem. (¡Duro con él, que es un señorito!) 

Rita ¡ Padre, por Dios! 

José [Señor Pedro! 

Sr. Ped. Vete de aquí, donde yo no te vea. (a Rita.) 

D. Ped. [Basta! Por mucho in*lo que haya hecho no 
deb>s tratarla así. ¡Estás obcécalo! ¡Rita, 
hija mía, hasta que yo averigüe qué es esto, 
súl>ete á mi casa! 

Hita ¡Ah, no, no! (con terror.) 

Rem. (¡Pues. lo has arreglito:) 

Sr. Ped. ;como Rita) A su casa no; ¡si sube, que no 
baje n.ás! 

D. Ped. lVro... 

Sr. Ped. ¡Víte á la mía!... (a Remigio y José.) Y vosotros 
dejadnos. 

José Es que... 

Sr. Ped. (< onteniendose.) ¡Tendré calma, pero necesito 
estar sólo con él! 

Rem. (Verá usté que bien dormimos en la pre- 

vención.) 

D. Ped. (Asombrado.) ¿Pero es conmigo? 

Sr. Ped. Sí; dos padres, frente á frente; yo á pedir: 
usté á negar; usté el de arriba: yo el de aha- 
jo: la ley del más fuerte (Se pasea un momento 
por la escena. Don Pedro le mira sin comprender ) 

Rem. ¡A. ^za! ¡Ya se ha hecho soci dista! ¡Asi em- 

pecé yo! 

RlTA (Que llega acompañada de José al portal y entra en la 

portería) ¡No le vayas lejosl ¡Por él... y por 
mí!... 

José ¡Por ti .. y por mí!... 

Rem. ¡Mira, el vino aclara la vista! ¡Vente conmi- 

go y te lo cuento todo! ¡t-ero después que 
estés borracho pa que te haga menos efecto! 

¡Anda, estafeta! (Se van á la calle ) 



— 29 — 
ESCENA IV 

El SEÑOR PEDRO y DON PEDRO 

Sr. Ped. (con misterio.) ¡Quiero hablar tan bajo, que 

apenas me oiga yo mismol 
D. Ped. ¡Me pon^s en cuidado! 
Sr. Ped. Eso quiero. ¿Usté cree que mi hija es 

mala? 
D. Peo. No; pero... 
Sr. Ped. Pues si no es mala, es víctima: y si es mala, 

tiene nn cómplice: ¡Julio! 
D. Ped. ¡Mi Lijo! 
Sr. Ped. ¡Sí; su hijo, que casi lo era mío y... ahora 

tiene que serlo por fuerza! 
D. Ped. Lo que me dices es tan g v ave... ¡va debes 

comprender que yo ignoraba! En fin... ¿qué 

es lo quieres? ¿No pretenderás que se case 

Julio con tu hija? 

Sr. Ped. (Conteniéndose á duras penas ) Sé lo que Va USted 

á decir: lo contrario de lo que ha dicho 
siempre; la diferencia de clases; el qué di- 
rán... ¡Ips consideraciones sociales!... así pen- 
saba yo ayer, ¿oué ayer? esta mañana; así 
piensan» los hombres juiciosos; así no pien- 
san Jos padres ofendidos. 

D. Ped Esa variación tiene algo de egoísmo. 

Sr. Ped Como la de usted; yo he variado por nece- 
sidad y usted por cálculo. 

D. Ped. (indignado.) ¡Pedro! 

Sr. Ped. (üesafiándoie.) ¡Don Pedro!... 

D. Ped. Yo cometería un crimen si privara á mi 
hijo de un porvenir risueño; se trata de una 
fortuna. Ponte en mi caso. • 

Sr. Ped. Póngase usté en el mío, que es más fácil. 
Usté tiene una hija; si un hombre se atre- 
viera á labrar su desdicha y ese hombre fue- 
ra... ¿quién? ¡uno muy alto!... ¡más alto que 
ella!. . ¿qué haría usted?... (con arranque.) No; 
no diga usted matarle, porque esa es la sen- 
tencia de su hijo. 

D. Ped. En estos tiempos es difícil engañar á una 



- 30 — 

mujer; además, muchas veces, por cálculo, 
por avaiicia... se combina un plan. 

•Sr. Ped. (Exaltándose más cada vez.) ¡Basta! No siga us- 
ted; yo quería el nombre de Julio solo, sin 
fortuna; {ya no quiero ni aun eso! ¡Es libre! 
¡Tiene usted una hija y le emp'az ■>! 

D. Ped. ¡No sabes lo que dices! 

Sr. Ped. ¡Ni usted loque hacel 

D. Ped. Deja á un lado tu pena y pensemos sensp- 
taiuente. Julio se casa y se va al extranjero 
por un año; en ese tiempo. . ¿quién sabe*? 
Rita... puede encontrar un novio... dotan 
dola... 

Sr. Ped. (como antes.) ¿Eso es decir que mi hija se ha 
vendido? No me haga usted olvidar lo que le 
debo, ni lo que somos cada uno, porque veo 
en usted la ma^o del fuerte que oprime el 
cuello del débil, y mi sangre se subleva y 
mi razón se turba y voy á concluir por abo- 
rrecer al de arriba y desear su exterminio. 

D. Ped. ¡No te reconozco! 

£r. Ped. (Fuera de sí ) ¡Ni yo; soy otro! Aquel vivía en 
ganado, empequeñecido, dormido; hoy des- 
pierta para aborrecer al fuerte y procurar su 
ruina. 

I). Ped. ¡Basta! 

í¿r. Ped. Sí, basta; usté á su palacio, yo á mi choza; 
usté á gozar; yo á sufrir; pero tiemble usté 
el día de la venganza! 

D. Ped. ¿Me amenazas? 

Sr. Ped. A usted no, al mundo entero; al género hu- 
mano, á todo, á la sociedad.. El socialismo 
despierta por la tiranía del que manda; ya no 
me arrastro ante el más fuerte. Ya soy yo 
fuerte, ¡todos iguales!, Viva el socialismo!... 

(Entra* precipitadamente en la portería.) 

D. Ped. ¡Pedro, escucha! ¡Está medio loco! ¡Es capaz 
de darme un escándalo!... ¿Este chico? ¿Ha- 
brá vuelto a casa? Voy á hablarle; es necesa- 
rio precipitar la boda. (Entra en el portal y se 
va por la escalera.) 



31 — 



ESCENA V 

ALFREDO, de frac y gabán desabrochado; JULIO , de levita y ¡i 
•cuerpo; JOSÉ á poco. Los tres borrachos. Se ve en el balcón del 
•entresuelo á una doncella entornarle y desaparecer la luz, que- 
dando la habitación á oscuras 

Música 



Alf. 

Julio 

Alf. 
Julio 

Los DOS 



José 



Alf. 

Julio 

Jjsé 



Alf. 

Julio 

José 



Como vengo tan seguro, 
tan sereno y tan formal, 
no parece que he bebido 
tantas copas de Champagne. 
Si con tiempo no lo noto 
y no dejo de beber 
el Rioja y el Montilla 
creo que me dan que hacer. 

¡Con lo que he bebido 

se achispa cualquiera! 

Bien me he resistido, 

y me he defendido 

de la borrachera. 

¡No me da la gana 

de dar que decir! 

¡Conque, hasta mañana... 

iré voy á dormir! 

(Todo esto lo habrán dicho cada uno en una batería y 
sin reparar el uno en el otro; al ir á marcharse entra 
José.) 

¡Ayl con sal, con sal, 
¡ay! con sal salero, 
¡ay! con sal y sin sal 
y con sal te quiero. 
¡Calle el importuno! 
¡Vayase el guasón! 

(Viéndoles.) 

¡Uno y uno y uno... 
tres borrachos sonl 
¿Quién es ese bicho? 
Yo no sé quien es. 
¡Por algo me han dicho 
que tengo una curda 
que vale por tresl 



— 32 - 



Alf. 



Julio 



Para ver si consigo esta noche 
realizar por completo mi plan, 
he querido alegrarme un poquito 
y envalentonarme bebiendo Ühampagn 
Para echármelo todo á la espalda 
y evitarme la lata después, 
he bebido lo menos seis copas 
del claro Montilla y el rico Jerez. 



José 



Por olvidarla á ella, 
por no perderme yo, 
he mojado mis penas 
en peleón. 



Alf. i 

Julio i 



José 

Alf. 
Julio 

Los TRES 



Este es un remedio 

contra la tristeza, 

porque más que á paso 

se va á la cabeza. 

Pero el más alegre 

es el peleón. 

No te pongas tonto 

porque tóos los vinos 

de primera son. 

A la jota, jota, 

del Rioja clarete, 

del vino de Misa, 

y el de Pajarete, 

A la jota, jota, 

del vino Avansays, 

y á la jota, jota, 

del vino que cada uno 

sus tomáis. 



Que todos los vinos 
son muy superiores, 
eso fácilmente 
ya lo comprendéis; 
pero á mí de todos 
el que me sofoca 
y el que me disloca... 
es... 



— 33 — 



Alf. 




A mí el Champagne 


Julio 




A mí el Jerez. 


José 




Pues á mí 

el jarrón de Aviles. 


Julio 


( 


jQué bruto es! 


Alf. 


1 


El de Aviles. 




(Quedan los tres del brazo. José en 






Hablado 



José ¡Viva la fraternidad... y la alegría! 

Julio ¡Eso es... tres hombres, tres borracheras! 

José Las tres clase sociales estrechamente uni* 

das. 

Julio (a José.) Oye, tú, ¿quién eres y á qué has ve- 

nido? 

José A buscarte y á hablar contigo. 

JULIO ¡Conmigo! (Se sueltan y Alfredo se sienta en una silla 

sin dejar de mirar al balcón de enfrente.) 

José ¡De cosas serias! ¡Muy serias! 

Julio ¿ Tienes el vino triste? 

José Puede. 

Julio Pues mira, ya hablaremos mañana. 

José Tiene que ser hoy. 

Julio ¿Traes alguna carta? 

José ¡Urgente! 

Alf. (¡Está entornado!... si se fueran estos...) (Mi- 
rando al balcón.) 

Julio Mira, en seco se habla mal: yo pago una de 

Montilla. 

José Y yo una del Mono. 

Julio ¡Ele!... Vamos. 

José Y si uno no vuelve .. mejor para el otro. 

Julio ¿Me desafías?. . ¡No me asustas!... (a Alfre- 

do.) ¡Chis!... ¡chis!... ¡amigo!. . ¿viene V. E.? 

Alf. Tengo que hacer aquí. 

Julio Una copita. 

Alf Si no hay Champagne, no bebo. 

Julio ¡Anda y que te zurzan!... (a José.) ¿Llevas 

navaja? 

José ¡Llevo manos! 

Julio ¡Sal tú delante! 

José (cogiéndole del brazo.) ¡Los dos á un tiempo... 

y caiga el caiga! 

3 



— 34 - 

Julio ¡Que toquen á muerto! 

José Requiescat in pace. 

JüLIO J Amen! (Mutis los dos hacia la calle por el portal.) 



ESCENA VI 

ALFREDO á poco el SEÑOR PEDRO que sale de la portería y viene 
al patio á cerrar la puerta de cristales cuando ve á Alfredo 



Aif. ¡Gracias á Dios! .. ¡Creí que no se iban! La 

doncella cumplió mi encargo y Pedro se por- 
tó como un hombre... Ha dejado la escalera 
como le mandé. . ¡Esta es la ocasión! .. El 
escándalo va á ser mayúsculo... y at-í, á pe- 
sar délos timbres de mi padre... antes de 
una semana... ¡á la Vicaría!... (colócala escalera 

debajo del balcón del entresuelo y empieza á subir.) 

¡Arriba... y lo que fuere sonará! (Música pianísi- 

mo hasta el fin del cuadro.) 
SR. PED. (Saliendo al patio y viéndole.) ¡Eh!... ¡Señorito Al- 
fredo!... 

Alf. ¡Calla! (Desde el último peldaño.) ¡ya tendrás tu 

recompensa!... ¡Gracias!... 
8r. Ped. ¡Pero si yo!... 
Alf. ¡Silencio!... 

Sr. Ped. ¡Mi venganza!... ¡Justicia del cielo!. . 

RlTA ¡Eh!... (Al tiempo de entrar Alfredo en el balcón y 

antes de desaparecer suena un tiro en la calle. Sale Rita 
de la portería corriendo y va á la puerta de la calle: el 
señor Pedro lo mismo. Todo muy rápido y á tiempo.— 
Fuerte en la orquesta.) 



MUTACIÓN 



- 38 



cum^o Tmtiio 



Telón corto que representa el sótano ó calabozo de una Prevención 

civil 



ESCENA UNIGA 

REMIGIO, que sale dando traspiés como si alguien le hubiese empu- 
jado: traerá el traje empolvado y en completo desorden 

(Dentro.) ¡No me da la gana!... A mí no me 
empuje usted. ¡Mentira!... ¡Ayl... (saliendo.) 
Ya estoy aquí, ¡amigos míos!... (a las paredes.) 
¿Pero qué habrá pasao?... Yo estaba á la 
puerta esperando á José; de pronto sale con 
el otro... y se ponen á hablar bajo y á mano- 
tear... Me separo de ellos para no estorbar- 
les .. y pa beberme el último chatito de la 
noche... Alzan la voz y oigo... «Esa mujer es 
honrada...» «¿Y á usted qué le importa?... 
¿es usted su administrador?» ¡pum! bofetá 
número uno. Yo me separo por si acaso... y 
al revol/er la esquina, ¡puna! un disparo... Al 
oir el estampido, pierdo el valor, pierdo la 
serenidad... y pierdo el equilibrio... doy un 
traspiés y cojo una liebre. Llega un guardia 
corriendo, ve la liebre y la coge también... 
«Tú has sido, tú le has matao — me dice; 
— date preso.» — «Yo no he visto nada» — 
«¿No?...» —¡Pum!... bofetá número dos que 
me atiza el guardia pa que se me aclare 
la vista. — «Dónde está el muerto?» — me 
pregunta. — «¡Y yo qué sé!» — «¿No?» — 
¡Pim, pam, pum!... tres capones que me re 
gala pa cenármelos con la liebre. — «¡Tú has 
disparao, no lo niegues; tienes cara de asesi- 
no!» — «Lo que tengo es cara de hambre, 
que no he cenao.» — «¿Hambre?... pues to- 
ma.» — Y me da una chuleta pa completar 
la cena; faltaba el postre... y-al protestar me 



- 36 — 

da con un queso de gruyer una pata en la 
plana de anuncios. Le cojo el pie pa que no 
repita: anda á la pata coja, y no sabiendo 
dónde agarrarse, se agarra con los dientes á 
esta oreja... y ná .. que el hombre se creyó 
que era un orejón. Yo me pongo á cantar 
flamenco, ¡ay, ay, ay!... toca el pito, llegan 
el sereno y otros cinco guardias, me amarran 
con la delicadeza propia del oficio, yo me 
tumbo en el suelo y empieza una lluvia de 
patadas que parecía que estaban bailando á 
lo señorito, sobre mi caja torácica... El se- 
reno se creyó que eso de la torácica era cosa 
de toros y empezó á rejonearme con el chu- 
zo... Se ponen todos á tirar de mí pa traer- 
me á rastras, como si fuera el carro de la 
carne: llego aquí con la carne # toa estropea- 
da... y en estao de barredera mecánica, y 
empeñaos toavía en que tengo que declarar 
quién es el muerto. El muerto debía ser yo, 
porque he venido apisonando el piso con la 
cabeza... y así es como se nota lo mal em- 
pedrao que está Madrid.;. (De repente.) ¡Que 
yo no he sido!., [que... no he sido!... ¡Señor 
inspector!... ¡Señor délegao!... ¡¡Señor gober- 

nadoOOrü (Se va por donde entró dando voces.) 



MUTACIÓN 



— 37 — 



(LUMKO GttkKTO 



La misma decoración del cuadro primero 



ESCENA PRIMERA 



El SEÑOR PEDRO y CRIADAS con cestas, pañuelos, etc. 



Música 



Criadas 


(Al señor Pedro.) 




Usted sabe lo que pasa, 




no lo puede usted negar. 




Es portero de la casa 




y se tuvo que enterar. 




Usted sabe todo el lío; 




usted fué quien lo enredó. 


Sr. Ped. 


Ni hubo lío, ni fué mío, 




ni el enredo le hice yo. 


Unas 


(Llevándole aparte.) 




La señorita del entresuelo 




y el señorito del principal... 


Sr. Ped. 


¡Chitón! 


Unas 


¿Qué tal? 


Otras 


(ídem.) 




Tomarle á un padre el pelo 




es cosa natural. 


Unas 


(ídem.) 




Según 'parece, la señorita 




le echa la culpa, yo no sé á quién, 


Sr. Ped. 


¡Chitón! 


Unas 


¡Va bienl 


Todas 


¡Portero que ve guita 




á todo dice amén! 


Sr. Ped. 


¡Callad, 




callad! 


Todos 


Lo sabe ya á estas horas 




toda la vecindad. 


Sr. Ped. 


¡Chitón, 



chitón! 



Todas 



- 38 - 

Lo sabe ya á estas horas 
toda la población. 



¡Qué escándalo, 
qué escándalo! 
Un portero tan decente, 
un portero tan formal, 
¡Qué hipócrita, 
qué hipócrita, 
todos le hemos conocido, 
y desde hoy le está prohibido 
dar lecciones de moral! 
Sr. Ped. ¡Chist! chist! 

¡callad! ¡callad! 
Todas ¡Chist! chist! 

¡marchad! marchad! 
chitito, 
bajito, 
no se entere él... 
Porque el señorito 
ha hecho el pobrecito 
bonito, 
bonito, 
bonito papel. 

van unas por la calle y otras por la puerta del 



(¿ 



patio.) 



ESCENA II 



El MENOR PEDRO y REMIGIO por la calle 



Sr. Ped. 



Rem. 

Sr. Ped. 
Rem. 
Sr. Ped. 



¡Todo el barrio enterado!... ¡Don Pedro cree- 
rá que yo puse la escalera por vengarme: el 
amo pensará que he ayudado á su hijo!... 
No puedo seguir aquí!... ¡En cuanto el ame 
se levante!... 

(Entra corriendo y fatigado.) ¡Señor Pedro!... Se- 

ñor Pedro! .. 
¡Remigio!. .. 
¡Gracias á Dios!... 
¿Qué te ocurre? 



- 39 ~ 

Rem. ¿Dónde está el muerto? ¿qué ha pasado 

aquí? ¿qué quiere decir esto, y esto y esto? 

(Enseñándole tres periódicos.) 

Sr. Ped. ¿Qué es eso? 

Rem. Tres órganos. El Imparcial, El Liberal y El 

País. Estamos todos nada menos que en los 
sucesos del día... Primero... Un padre y un 
hijo. (Leyendo.) «En la calle de Atocha, núme- 
ro 117, sorprendió anoche el vecino del en- 
tresuelo al hijo del portero saltando por una 
ventana del patio, sin que el sorprendido 
acertara á explicar su presencia en dicho 
sitio. Con este motivo, el portero disparó un 
liro sobre su hijo creyendo que era un rate- 
ro. El hijo del portero fué detenido.» 

Sr. Ped. ¡Qué dísparatel 

Rem. Número dos. (lo mismo.) Casero burlado. «El 

portero de una casa de esta corte sorprendió 
anoche á su hija en amigable coloquio con 
el hijo del dueño de la finca, quien al 
verse sorprendido, disparó un tiro sobre el 
padre de su amante. Intervino la autoridad 
y el portero fué detenido. 

Sr. Ped. Pero si... 

Rem. Silencio, (lo mismo.) El País. Atropello brutal. 

¡Y tan brutal! «Un pobre obrero que regre- 
saba anoche como siempre de su trabajo... 
esta... esta es la verdad... de mi trabajo, digo, 
de su trabajo, tuvo la mala suerte de que 
se le disparara casualmente un revólver al 
arrebatárselo á un transeúnte que trataba 
de suicidarse», no me acuerdo, «al disparo 
acudieron los guardias y la emprendieron á 
golpes y sablazos contra el inofensivo traba- 
jador.» Ve usté, ¡El País!... ¡ese dice siem- 
pre la verdad! ¡Por eso le denuncian! 

Sr. Ped. ¡Pero eras tú!... ¡pues lo del trabajo!... 

Rem. Es lo mismo que lo del revólver... 

Sr. Ped. Pero, ¿no estaba José contigo? 

Rem. ¿No se quedó con usté? 

Sr. Ped. \'o al disparo salí corriendo. 

Rem. Yo salí disparao. 

Sr. Ped. ¡Yo le alcancé! 

Rem. ¡A mí me alcanzaron! 



— 40 — 



Sr. Ped. 


¿Estará José herido?... 


Rem . 


¿0 muerto?... 


Sr. Ped. 


¿Tú sabes?... 


Rem. 


|No sé nada! 


Sr. Ped. 


¡Ni yo! 


Rem. 


¡Los dos iguales!... ¡Capicúa 




ESCENA III 



DICHOS y un CRIADO 

Criado Señor Pedro, de parte del señor, que suba 

usté en seguida, fse va.) 
Sr. Ped. ¡Voy! Dile á mi hija que lo arregle todo, 

que nos marchamos. 
Rem. Si va usté á dejar la portería, ¿por qué no 

habla por mí? 
Sr. Ped. Antes de irme, el amo lo sabrá todo, (se va 

por el patio.) 

Rem. ¿A que no se va éste? ¡Estos aduladores de 

oficio no saben sacudir el yugo de la tiranía! 
¡Si fuera yo!... ¡Ya me estoy viendo con los 
faldones... todo el día durmiendo... y luego... 
á la orden del señor! .. ¿qué manda el se- 
ñor?... ¿qué desea el señor?... ¡el señor sea 
contigo!... ¡y así reviente el señor!... (Haciendo 

cortesías ridiculas.) 



ESCENA V 

REMIGIO y RIT A que sale de la portería 

Rita ¡Remigio! 

Rem. Chiquilla, no te entretengas: coge la maleta. 

Rita ¿Qué? 

Rem . tía llegado la hora de ahuecar el ala. 

Rita ¿Usted sabe?... 

Rem. ¡Que hay una escalera, un tiro, dos entie- 

rros, un desafío, un muerto, un traidor y 
un nombre apaleao... y colorín, colorao!... 



- 41 — 

Rita ¿Pero está herido José?... 

Rem. ¡El otro!... 

Rita ¿Entonces quién disparó? 

Rem. ¡En eso no están conformes los autores! 

Rita ¡Usted sabe algo, no me martirice más! 

¿dónde está José? 
Rem. Yo creo que debe estar en el depósito de 

cadáveres. 

RlTA ¿Qué? (Asustada.) 

Rem. ¡Que hay un muerto y que no parece por 

ninguna parte!... 

Rita ¡Tiene usted que buscar á José... él se com- 

prometió por mí! 

Rem. ¿Por tí? pues búscale tú. 

Rita Yo no quiero que venga aquí; puede encon- 

trarse con Julio y... 



ESCENA VI 

DICHOS y JOSÉ 
JOSÉ (Entrando por la calle.) ¡Buenos días! 

Rita ¡José! 

Riím. ¡El seis doble!... ¡La has metido, hijo! 

Rita ¿A qué vienes? ¡Vete! 

José ¡Quiero hablar con tu padre! 

Rem. ¡Si está confesando ahora con el padre Prior! 

Rita ¿Quieres comprometerme más?... 

José ¿Y quieres que ese hombre se ría de mí, 

como se ha reido de tí?... ¡No: tiene que dar- 
me la cara; anoche no estaba él sereno! 
Rem. ¡Pues no dice que no estaba el sereno! ¡si te 

hubiera pinchao á tí!... 
José ¡Quise enseñarle lo que hace un hombre de- 

cente con una mujer honrada, y el muy co- 
barde por poco me mata! 
Rem. Por meterte en camisa de once varas. 

José ¡Disparó sobre mí! 

Rita ¿Fué él?... 

Rem. ¡Hombre, vaya una gracia! 

JobÉ ¡Y esa acción me la paga; por éstas! 

Rita ¡No, José! 



- 42 



Rem. 



José 



Rem. 
José 
Rita 



¡Di que sí! dale en la cresta; por el tirito ese 
tengo yo el cuerpo que paece un Concilio: to 
se vuelven Cardenales; menos este... que es 
Arzobispo!... 

¡Mientras tú me despreciabas á mí, él te des- 
preciaba á tí; él no te conoció ni tú me cono- 
ciste... ahora me vais á conocer todos! (pa- 
seando.) 

¡El león del retiro!. . 
¡Aquí le espero!... 
¡No! ¡vete! 



ESCENA VII 

DICHOS, JULIO que sale por la escalera; á poco DON PEDRO por la 
calle, y EL SEÑOR PEDRO, EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON PE- 
DRO y ALFREDO por la escalera 



RlTA (Al ver salir á Julio se acerca á José y le sujeta.) ¡Ahí 

Rem. ¡El otro! ¡Las mulillas! 

José (viéndole.) ¡Suelta! 

JULIO (^Reparando en José.) ¡Ahí 

Rita ¡Julio; vetel 

Julio (Desafiando.) ¡Suéltale! 

José ¡Sí; suelta! ¡para que vea que es más fácil 

perder á una mujer honrada que asesinar á 

un hombre! 

JULIO ¡A mí!... (Queriendo avalanzarse sobre él; Remigio le 

sujeta.) 

Rita ¡Padre! ¡padre! ¡socorro! .. (Gritando.) 

Rem. ¡Que se matan! ¡Guardias! ¡Guardias! ¡A ver 

si viene el de anoche y le da un bocao! 

JOSÉ ¡Déjame!... (Forcejeando por soltarse.) 

Julio Quita. 

Excmo . ¿Qué es esto? 

D. Ped. ¡Juliol 

Sr. Ped. ¡Joséi 

Rem. (soltándole.) Cámara; parecían dos gallos in- 

gleses. (Quedan: Rita, José y el Sr. Pedro á la izquier- 
da del público; Remigio, Julio y Alfredo á la derecha; 
en el centro, don Pedro y el Excelentísimo señor don 
Pedro.) 

8r . Ped. (a julio.) ¡Y te atreves todavía!... 



- 43 - 

D Ped. (ai sr. Pedro.) ¡Y tú te atreves... á estar en mi 
presencia!... 

-Sr. Ped. ¡Cómo! 

D. Ped. ¡Ya vi que anoche cumpliste tu amenaza, te 
vengaste! .. 

Alf ¡Eso es falso! 

¿Sr. Ped. Yo no fui... pero llegó mi hora... y ya esta- 
mos iguales... El que á hierro mata... 

Rem. Pierde pan y pierde perro. 

D. Ped. Yo necesito... 

Excmo. ¡Una lección que voy á darle ahora mismo! 
El escándalo de anoche sólo lo remedian los 
hombres d¿ honor de un modo; casándose. 

(A Alfredo.) 

Rem. Pues es peor el remedio que la enfermedad. 

Alf. ¡Eso sólo buscaba! 

EXCMO. Pues lo has logrado .. (Don Pedro y Julio dan la 
mano á Alfredo.) 

D Ped. Yo... si Julio se empeña... cederé... 

Rrr\ ¡Gracias: ya es tarde! ¡Padre, vamonos'... 

Excmo. ¿Cómo? 

Sr. Ped. Pero... 

Julio ¿Me desprecias? 

Rita Sí: mi vida me parecía poco para dártela 

cuando tu vida era mía. ¡El sacrificio de tu 
apellido te honra tanto como á mí me aver- 
güenza! 

Rem. ¡Anda; toma pa el pelo!... 

Sk. Ped. ¡Pero, hija!' 

Rita (Abrazándole.) ¡Este... este es y será mi único 

cariño mientras viva! 

-JOSÉ ¡Rita!. . (Alargándole la mano que ella toma.) 

Rila (con cariño ) ¡Tú serás siempre mi mejor ami- 

go! ¡Vamos! 

Rem. j aliviarse!... ¡Ahora sí que me revientan los 

señoritos! .. ¡¡Viva el socialismo!!! 

(El señor Pedro y Rita quedan abrazados: José junto á 
ellos; los demás formando cuadro á la izquierda.) 



TELÓN 



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